El retorno del “Capitán Frío”: Macri intenta reanimar un PRO que ya no responde
En una maniobra que oscila entre la nostalgia y el cálculo de supervivencia, el expresidente Mauricio Macri decidió relanzar el PRO con la mira puesta en un horizonte tan lejano como incierto: 2027.
Con la premisa de recuperar la “identidad perdida“, el exmandatario busca instalar la necesidad de un candidato propio para enfrentar el proyecto de Javier Milei, en lo que parece más un ejercicio de resistencia de la vieja guardia que una propuesta técnica superadora.
Sin embargo, para quienes analizamos el tablero un poco más a fondo, este intento de resurrección huele a una maniobra para retener las pocas cuotas de poder que le quedan a una estructura que, en la Argentina de 2026, luce lenta, pesada y peligrosamente desconectada del pulso de la libertad.
La estrategia de Macri descansa sobre una aritmética legislativa que ya no le pertenece. Mientras intenta disciplinar a gobernadores como Rogelio Frigerio o Nacho Torres bajo la amenaza de una interna, el “ala técnica” del partido ya ha comenzado su propia migración hacia la eficiencia que propone la Casa Rosada.
La advertencia es clara, y es que un PRO que pretenda diferenciarse de las reformas estructurales solo para marcar territorio terminará convirtiéndose en el furgón de cola de una oposición que la sociedad ya jubiló. En los despachos oficiales se observa este relanzamiento con una mezcla de desdén y pragmatismo; saben que, a la hora de las auditorías y los votos reales, el sello amarillo hoy pesa menos que un posteo de Luis Petri en redes sociales.
Este intento de “purificación” partidaria llega tarde a una República que ya no tiene paciencia para los gradualismos ni para las internas de cartel. Al postular la necesidad de un candidato propio, Macri no solo desafía la verticalidad del cambio, sino que expone la fragilidad de su propio liderazgo frente a figuras que prefieren la gestión directa antes que las reuniones de mesa chica en Barrio Parque.
En definitiva, el relanzamiento del PRO parece ser el último intento de un dirigente que se resiste a aceptar que el mercado de las ideas políticas ya cambió de proveedor. Mientras Macri sueña con el 2027, el país avanza en una cirugía mayor que no admite anestesistas nostálgicos ni socios que solo aparecen para la foto de la victoria.



