En una coyuntura donde la imagen pública se ha convertido en el activo principal de la nueva política, el departamento de Guaymallén asiste a la consolidación de lo que analistas locales denominan el “Fenómeno Calvente”: una construcción de marca personal donde la estética trabajada y la presencia constante en redes sociales parecen colisionar con la realidad estructural del territorio.

Mientras el intendente Marcos Calvente recorría el Carrusel vendimial repartiendo golosinas desde un carro festivo, una tormenta de fin de semana exponía las fragilidades históricas del departamento, con cloacas colapsadas y calles anegadas que volvieron a poner en jaque la calidad de vida de los vecinos.

El contraste no es solo visual, sino de fondo técnico. El jefe comunal ha optado por un estilo que rompe con el molde tradicional del funcionario de botas embarradas, prefiriendo una estética moderna de gimnasio y marcas reconocidas donde el propio intendente aparece siempre en primer plano.

Sin embargo, para los observadores de la política mendocina, esta postal de pulcritud digital genera una desconexión creciente con los problemas de infraestructura que el departamento acumula hace tiempo.

En la Argentina de 2026, donde la eficiencia y la transparencia —como la fiscalización permitida por herramientas como “Cómo Votó”— son la regla, la gestión basada primordialmente en la imagen empieza a ocupar un espacio que la resolución de problemas barriales parece estar perdiendo.

Esta discusión sobre si la construcción de la figura pública empezó a desplazar a la gestión operativa es el eje del debate en el ambiente político de Guaymallén. Mientras el oficialismo nacional pregona un retorno a la funcionalidad y al mérito, los vecinos que lidian con el temporal ven en la festividad del carrusel una señal de lejanía institucional frente a las urgencias de la calle.
El desafío para la administración de Calvente será demostrar que su estética de vanguardia puede traducirse en una ingeniería civil capaz de resistir una tormenta, evitando que la política se convierta en un simple uniforme de redes sociales vacío de soluciones concretas para la comunidad.




