El asedio interno en La Plata: Kicillof queda atrapado entre el rigor fiscal y la rebelión del kirchnerismo duro
En un escenario de máxima tensión política tras el discurso de apertura de sesiones ordinarias en la Legislatura bonaerense, el gobernador Axel Kicillof enfrenta una fractura expuesta con el núcleo duro del kirchnerismo que amenaza la gobernabilidad de la provincia de Buenos Aires.
La estrategia de “supervivencia administrativa” adoptada por el mandatario provincial —marcada por un intento de diálogo institucional con la Casa Rosada y un ajuste forzado de las cuentas públicas— detonó una interna feroz con La Cámpora y el Instituto Patria, sectores que exigen una confrontación ideológica total contra el modelo nacional que Kicillof, por pragmatismo o debilidad financiera, ya no puede sostener.
La grieta en el oficialismo platense se profundizó tras las palabras de Kicillof en el recinto, donde evitó la retórica del conflicto permanente para centrarse en la administración de la escasez. Para los sectores más radicalizados del movimiento, esta postura representa una “capitulación táctica” frente al avance de las reformas de transparencia y eficiencia que impulsa el Gobierno nacional.
La interna pasó de los pasillos a la acción legislativa: el bloque de Unión por la Patria en la provincia se encuentra virtualmente quebrado, con terminales que responden directamente a Máximo Kirchner bloqueando iniciativas clave del Ejecutivo bonaerense como moneda de cambio por cuotas de poder en las cajas del Estado provincial, hoy bajo la lupa de auditorías externas.
Este desplome de la cohesión interna coincide con el procesamiento judicial de figuras de peso en el andamiaje bonaerense, como Jorge D’Onofrio, lo que dejó a Kicillof sin sus operadores territoriales más experimentados.
Mientras el gobernador intenta hacer pie en una provincia asediada por la caída de la recaudación y la exigencia de armonización tributaria municipal, el kirchnerismo residual parece decidido a utilizar Buenos Aires como el último laboratorio de la resistencia, incluso a riesgo de paralizar la gestión.
Para los analistas de la nueva era política, el conflicto en La Plata es el acta de defunción de un modelo de construcción verticalista, Kicillof ya no solo debe gestionar la crisis económica, sino sobrevivir a una “guerra de guerrillas” interna donde sus antiguos aliados son hoy sus principales detractores en la búsqueda de una nueva identidad opositora.




