Reordenamiento en el PJ: Pichetto y Cristina sellan un pacto de “amnesia” para unificar al peronismo
En un encuentro de alto voltaje político en San José 1111, el experimentado legislador y la expresidenta acordaron priorizar la construcción de un frente común sobre las disputas del pasado, enviando una señal directa de autoridad hacia el esquema de Axel Kicillof.
La escena política nacional registró un movimiento tectónico este último martes con la reunión privada entre Miguel Ángel Pichetto y Cristina Fernández de Kirchner, un cónclave que marca el fin de un distanciamiento de años y el inicio de una fase de pragmatismo extremo dentro de la estructura peronista.
Bajo la premisa de que el ejercicio de la política en Argentina requiere de una “amnesia estratégica”, ambos dirigentes pactaron omitir los agravios históricos —incluyendo el paso de Pichetto por el esquema de Juntos por el Cambio— para concentrarse en la arquitectura de una alternativa electoral que logre amalgamar al peronismo bonaerense con las vertientes del interior del país.
En este marco, Pichetto impulsa un proyecto de reorganización doctrinaria centrado en el proteccionismo económico, sosteniendo que el movimiento debe erigirse como el principal escudo de la industria nacional ante la crisis que atraviesan las pequeñas y medianas empresas.
El diagnóstico del legislador advierte sobre un escenario crítico para las grandes compañías locales debido a la irrestricta apertura de mercados y la consecuente avalancha de importaciones chinas, factores que amenazan con desarticular el tejido productivo remanente.
Este acercamiento no solo busca consolidar un bloque opositor con mayor peso específico en el Congreso, sino que funciona como una clara desautorización a la conducción emergente de Kicillof, al tiempo que posiciona al peronismo en una defensa corporativa de los grandes empresarios nacionales frente a las embestidas discursivas y económicas de la gestión de Javier Milei.
La agenda del nuevo entendimiento reafirma así que la centralidad del poder y la capacidad de arbitraje siguen residiendo en una síntesis entre la experiencia parlamentaria y la conducción histórica, configurando una resistencia basada en la soberanía industrial y el capital argentino.




