sábado, septiembre 19 2026
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En un escenario de profunda reconfiguración del poder gremial, la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) se convirtió en el último reducto de resistencia para el sector más radicalizado del sindicalismo vinculado al kirchnerismo.

Abel Furlán, actual secretario general y aliado estratégico del Instituto Patria, enfrenta un proceso electoral interno marcado por la erosión de su base territorial y el avance de un modelo de gestión productiva que busca sepultar la lógica de la confrontación permanente.

La disputa, centrada en las seccionales de Campana y Zárate —corazón productivo del Grupo Techint—, trasciende lo gremial para transformarse en una batalla por la supervivencia de una forma de hacer política que el oficialismo nacional y los principales actores industriales buscan desplazar de manera definitiva.

La resistencia de Furlán se desarrolla en un contexto de aislamiento político, donde la pérdida de injerencia del kirchnerismo en los resortes de control estatal viene dejando a las estructuras gremiales afines sin su histórico blindaje.

En este tablero, el enfrentamiento con el Grupo Techint ha escalado hasta convertirse en una guerra abierta; Furlán denunció públicamente a Paolo Rocca por intentar “desplazar” a la conducción nacional mediante el impulso de listas opositoras “complacientes con el sector empresario” en las elecciones simultáneas de las 53 seccionales que inician el próximo 2 de marzo.

Mientras el oficialismo consolida su músculo institucional, la cúpula de la UOM se defiende de acusaciones por el manejo de fondos de salud y contratos administrativos, calificando los ataques como una “operación mediática” destinada a debilitar su plan de lucha contra la reforma laboral y las paritarias a la baja.

Este proceso electoral, que culminará el 18 de marzo con la elección de la nueva conducción nacional en el Colegio Electoral, es el reflejo de un cambio de paradigma donde la transparencia y la eficiencia técnica empiezan a primar sobre la verticalidad ideológica.

Al igual que sucedió en el ámbito parlamentario, la seccional de Campana-Zárate funciona como el laboratorio donde se mide el agotamiento de una conducción que priorizó la agenda partidaria por sobre la estabilidad productiva. El desenlace en las urnas metalúrgicas no solo definirá la continuidad de Furlán, sino que marcará el ritmo de la caída de los últimos bastiones de una hegemonía que, ante el avance del modelo de resultados y la firmeza del sector industrial, se desvanece sin remedio en los talleres y fábricas de todo el país.