El pasado domingo 22 de febrero se celebraron las elecciones a concejales en el municipio de Rivadavia. Una elección que transitó con un ambiente electoral apagado y con baja participación ciudadana, ostentando una participación de tan sólo el 53,44% de los electores.
Y claro está, unos comicios pasado los cuatro meses de la elección general, donde el municipio destinó un total de $254.715.213 de pesos con la intención y la promesa de que el partido oficialista de Ricardo Mansur se imponga ante las distintas fuerzas políticas, no resultó muy atractivo.
El costo logístico y operativo de desdoblar las elecciones fue admitido y comunicado en el mes de julio del año anterior, cuando el intendente decía: “La comuna tiene la solidez financiera para garantizar la elección, el costo que asumimos, permitirá inversiones y compromisos de las fuerzas políticas en nuestro departamento durante el proceso electoral”.

Sin duda que la soberbia y la inoperancia a la hora de tomar decisiones abunda en el mencionado intendente, ya que no solamente no sirvió de nada atrasar la elección -ya que terminó como segunda fuerza electoral con diferencia de más de 10% respecto a LLA + CM)- sino que además despilfarró dinero del contribuyente rivadaviense, el cual podría haber sido ahorrado y devuelto al ciudadano a través de la reducción de tasas municipales o incluso, invertido en infraestructura o en seguridad, tan anhelada y necesaria para todos los vecinos que habitan el municipio.
Saliendo de la insostenible decisión con pésimo resultado para el oficialismo rivadaviense, lo que más llamó la atención -y donde más se hace foco- es el fracaso en la “maniobra política” reflejado en la paupérrima participación ciudadana, rozando el 50%. Por lo que podemos comprender que el rivadaviense está decepcionado de la política municipal y que hay un gran sector agotado de aguantar malas gestiones.
La manifestación popular, fuera de la gran elección que hizo LLA y CM, refleja un rechazo hacia la política, un cansancio y una decepción ante la poca renovación de candidatos y la presencia de los mismos nombres en las listas desde hace años. Y es que Rivadavia no muestra mejoría económica ni social desde hace más de una década, incluso hasta caídas estrepitosas de producción en algunos sectores. Un municipio estancado, que cada día es más inseguro y donde más jóvenes planifican su vida fuera del mismo, ya que no ven futuro viable en “el pueblo”.
Y esto hace que repensemos la situaciones y que profundicemos en el por qué sucede lo que sucede. Por ello, podemos pensar que esta elección, más que una expresión al oficialismo sobre su mala gestión, es una expresión de agotamiento y de una necesidad de recambio.
El que camina por Rivadavia y le consulta a los vecinos qué opinan sobre la política municipal, claramente va a mostrar un desagrado y hasta un rechazo a la gran mayoría de fuerzas políticas, expresando que vota “al menos peor” o que no iría a votar a ningún candidato que se presente.
Y claramente es ajeno a lo que sucede en elecciones nacionales o incluso provinciales, donde años anteriores hemos visto que Rivadavia es uno de los municipios mendocinos que mayor porcentaje de votos obtuvo el presidente Javier Milei. Y esto lo logramos comprender cuando analizamos las propuestas de los distintos frentes y candidatos y entendemos que ninguna va vinculada al foco del presidente, y que ninguna está conectada con lo que demanda la realidad
Ninguna fuerza habla de cambiar el municipio, de hacer ajuste sobre los gastos incomprensibles, sobre los sueldos de los concejales y los ejecutivos de la comuna. Nadie habla de la inseguridad que atormenta día a día a todos los rivadavienses. No se menciona la poca conexión que tiene Rivadavia con el resto de la provincia. No se habla de cómo ayudar y fortalecer al productor local, y mucho menos de generación de empleo genuino. No se enfocan en problemas reales, sino más bien en mantener el cargo político y así tener poder para la toma de sus propias decisiones.
Es por ello, que más que una derrota electoral o una victoria de La Libertad Avanza + Cambia Mendoza, es el fin de una época oscura del municipio. De la época de clientelismo, del caudillo barrial que significa Mansur (y varios nombres más) del gastar “porque el municipio tiene la solidez financiera”. ¿De qué solidez financiera hablamos, si cada vez son menos los productores que llegan a fin de mes?
Se terminó la era de las malas gestiones para dar comienzo a una nueva era, un nuevo comienzo y sobre todo, nuevas caras que debemos exigir y que, como juventud, debemos empeñar y trabajar. Porque Rivadavia tiene potencial, mucho potencial, está en nosotros hacer lo que corresponde, incitar a la responsabilidad de llevar adelante proyectos y sobre todo, de crecer.
Por Joaquín Morón
Especial para Oíd Mortales


