sábado, septiembre 19 2026
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Hubo un tiempo en que conocer el mundo no era abrir Google ni mirar reels de viajeros. Era caminar por calle Espejo hasta la esquina de Avenida España, entrar a un local y sentarse frente a Lalo Rispoli. Sin celular, sin internet, sin pantallas. Solo folletos, mapas y la palabra.

“Quiero conocer Roma”, decía el pasajero. Y Roma aparecía desplegada sobre el escritorio, como un atlas en colores.

Así empezó una de las historias empresariales más emblemáticas del turismo mendocino.

Origen inmigrante: de sastre a pionero del turismo

La historia de Rispoli comienza mucho antes del turismo masivo. El fundador, abuelo de la actual generación, era sastre. Inmigrante italiano, sobreviviente de la Primera Guerra Mundial —incluso de un campo de concentración alemán—, llegó a Mendoza con la cultura del trabajo y la palabra como contrato.

Desde su local en calle 9 de Julio, empezó a traer compatriotas desde Italia en barco. Vendió tantos pasajes que una naviera le sugirió formalizar el negocio. Así dejó los trajes y fundó la agencia.

La oficina era mínima: una máquina de escribir, un teléfono a disco y un cartel con las líneas aéreas y navieras de la época. Pero el concepto ya estaba claro, el de conectar personas con destinos.

La revolución de Lalo: visión, elegancia y Disney en 1972

El salto llegó con la segunda generación, encabezada por Lalo Rispoli. Traje impecable, corbata con prendedor, zapatos lustrados y la obsesión de conocer personalmente cada destino que vendía.

En una época donde viajar era privilegio de pocos, Lalo recorría el mundo a través de los FAM tours (viajes de capacitación organizados por mayoristas y aerolíneas). Japón, China, Europa, Estados Unidos. No vendía por catálogo, sino que vendía experiencias.

En 1972, apenas un año después de la apertura de Walt Disney World, llevó a su familia a Orlando. “Esta es la posta”, dijo. Y empezó a organizar grupos familiares cuando Disney todavía era una novedad absoluta para Argentina.

Décadas después, Rispoli se convertiría en sinónimo de viajes a Disney en Mendoza.

Las fiestas, la innovación y el boom de los 80

En los años 80, la mudanza a Espejo y España marcó un antes y un después. La inauguración fue multitudinaria. Más tarde, la celebración de los 40 años en la histórica Bodega del 900 fue un evento inédito: stands de aerolíneas, hotelería, mayoristas y figuras como Orlando Marconi animando la noche.

Rispoli no solo vendía viajes. Creaba comunidad.

La crisis que pudo ser final (y no lo fue)

La empresa vivió todas las turbulencias argentinas: hiperinflación del 89, efecto Tequila del 95, Torres Gemelas, corralito 2001, visa obligatoria para Estados Unidos en 2002, gripe A, pandemia.

El golpe más duro llegó tras el 11-S y el corralito. Tenían más de 600 pasajeros pagos en dólares para viajar en febrero. Terminaron viajando apenas 22. El resto del dinero fue devuelto dólar billete.

Legalmente podían no hacerlo. La ley los amparaba. Eligieron devolver todo.

Vendieron el edificio propio, volvieron a empezar desde cero en un local más chico y apostaron a algo intangible, que es la reputación.

“Si devolvemos todo, esta gente nos va a recomendar”, recordaron en el programa Pensemos, por Oíd Mortales. Y funcionó. El boca a boca multiplicó el trabajo.

Agencia vs. internet: el regreso del trato humano

Con la explosión de las plataformas online, muchos pronosticaron el fin de las agencias tradicionales. Pero el tiempo mostró otra cosa.

Cambios imposibles de resolver con bots, vuelos perdidos, tarifas mal explicadas y estafas con precios irreales hicieron que muchos pasajeros regresaran al mostrador.

“Lo barato sale caro”, repiten en la agencia. Y sostienen que el diferencial no es solo precio, sino respaldo. En un mundo de inteligencia artificial, la conversación cara a cara volvió a tener valor.

El fenómeno argentino: viajar pese a todo

Aunque el turismo emisivo genera debate por la salida de dólares, los Rispoli lo explican simple: quien probó viajar, difícilmente deje de hacerlo.

Brasil explotó en los últimos años. El Caribe mantiene su atractivo. Europa y Nueva York siguen siendo clásicos. Y cuando el tipo de cambio cambia, el flujo se invierte.

“Cuando el dólar está barato para nosotros, viajamos. Cuando está barato para ellos, vienen. Es un ciclo”.

Las quinceañeras, el sello distintivo

Hace más de 35 años comenzaron los viajes de quinceañeras a Disney. Hoy ya viajan las hijas de las primeras chicas que participaron.

El programa creció, y además de Orlando, sumaron Nueva York, cruceros y hasta Europa con escala en Disney París. Los viajes más completos duran 18 días.

Cuarta generación y legado

Hoy la empresa está en manos de la cuarta generación. Hijos e hijas que combinan promoción, operaciones y administración con una impronta más digital, pero el mismo principio: la palabra.

Desde el abuelo que cerraba negocios sin firmar papeles hasta los jóvenes que planifican viajes tres años antes, la constante es una sola, la confianza.

En una provincia donde muchos negocios quedaron en el camino, Rispoli roza los 80 años de historia.