sábado, septiembre 19 2026
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El proyecto de ley presentado en la Legislatura de Mendoza para prohibir las jineteadas generó una fuerte reacción en el ámbito del tradicionalismo y el deporte ecuestre, donde referentes de la actividad salieron a cuestionar la iniciativa y reclamaron mayor diálogo, controles y conocimiento de la práctica antes de avanzar con una prohibición total.

La propuesta, impulsada por la diputada del PRO Laura Balsells Miró, se fundamenta en la protección animal y sostiene que el Estado no debería habilitar espectáculos que impliquen maltrato o sufrimiento de los animales.

Sin embargo, desde el sector gaucho y de la doma aseguran que el proyecto desconoce la realidad de la actividad reglamentada y podría derivar en consecuencias contraproducentes.

Nicolás Aranda
Nicolás Aranda

Uno de los primeros en pronunciarse fue el jinete mendocino Nicolás Aranda, oriundo de Tunuyán y reciente participante del Campeonato Internacional de Doma en el Festival de Jesús María 2026. Aranda defendió la jineteada como deporte y tradición cultural, y recordó que en Córdoba la disciplina fue reconocida oficialmente como deporte. En ese sentido, sostuvo que Mendoza debería avanzar en ese mismo camino en lugar de prohibirla.

“En la provincia de Córdoba se decretó a la jineteada como un deporte y estaría bueno que otras provincias también lo hagan”.

El jinete fue crítico con el enfoque del proyecto y señaló que quienes impulsan la iniciativa deberían interiorizarse mejor en la disciplina. Además, explicó que los caballos utilizados en las jineteadas reciben cuidados específicos, controles veterinarios periódicos y descansos prolongados, y que el esfuerzo al que son sometidos es breve y esporádico. También comparó la actividad con otras disciplinas ecuestres, como el polo, donde —según su mirada— el impacto sobre los animales es mayor y, sin embargo, no recibe el mismo nivel de cuestionamiento.

“Hay otros deportes con caballos donde al animal se lo maltrata mucho más, como en el polo”.

En la misma línea se expresó Walter Riesco, referente de la Federación Gaucha en Mendoza y vicepresidente de la entidad a nivel provincial, quien advirtió que una prohibición total no resolvería los problemas de fondo. Según explicó, el riesgo es que la actividad continúe de manera clandestina y sin controles, replicando experiencias previas como la prohibición de las carreras de galgos.

Walter Riesco
Walter Riesco

Riesco recordó que en 2018 se presentó un proyecto para declarar a las destrezas criollas como deporte provincial, iniciativa que fue aprobada por el Senado pero quedó estancada en Diputados. Para el dirigente, ese marco legal hubiera permitido ordenar la actividad, establecer reglas claras y evitar el debate actual.

También reconoció que existen prácticas irregulares, aunque aclaró que no representan a las jineteadas avaladas por la Federación Gaucha, que cuentan con reglamentos estrictos, veedores, veterinarios y controles sobre monturas y espuelas.

Desde el sector tradicionalista insisten en que la solución no es prohibir, sino reglamentar y fiscalizar. Plantean que los municipios habiliten únicamente eventos con aval institucional y controles sanitarios permanentes. Además, cuestionan lo que consideran un trato desigual frente a otras actividades ecuestres de alto nivel económico, como el polo o el turf, donde —afirman— se exigen físicamente a los animales y se mueven millones de pesos sin el mismo nivel de cuestionamiento público.

 “¿Por qué no tocan al polo o al turf, donde se mueven millones de pesos y se dopa a los caballos? Ahí nadie dice nada, pero siempre se corta por el hilo más fino”.

El debate por las jineteadas volvió así al centro de la escena legislativa y cultural en Mendoza, con dos miradas enfrentadas, la de quienes impulsan la prohibición en nombre del bienestar animal y la de quienes defienden la actividad como parte de la identidad gaucha, reclaman reconocimiento deportivo y advierten que el camino de la prohibición podría agravar los problemas en lugar de resolverlos.