El día en que Cristina condecoró a Maduro con la Orden del Libertador San Martín
Cuando recibió la distinción, Maduro pidió “bendiciones a Dios” para estar a la altura del honor recibido. Una década después, lo que quedó claro es que no estuvo a la altura de San Martín, ni de la democracia, ni del pueblo venezolano.
Fue el 8 de mayo de 2013, en pleno romance político entre el kirchnerismo y el chavismo. Ese día, el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner le otorgó a Nicolás Maduro la Orden del Libertador General San Martín, la máxima distinción que puede conceder el Estado argentino a un funcionario extranjero.
La condecoración está reservada, según su reglamento, a quienes “merezcan en alto grado honor y reconocimiento”. En aquel entonces, el contexto regional era otro —o al menos así se lo quería presentar— y Venezuela todavía no era formalmente señalada por decenas de países como una dictadura. Hoy, con un país devastado, presos políticos, represión, muertos y una economía colapsada, la imagen de ese acto vuelve a circular con fuerza en redes sociales y genera incomodidad incluso entre antiguos defensores del vínculo.
El acto se realizó en el Museo del Bicentenario y fue, más que un gesto protocolar, un símbolo político. Maduro agradeció la distinción con la voz quebrada y apeló a una retórica épica que hoy suena casi irónica: habló de humildad, de San Martín, de estar “a la altura de los Libertadores” y de un compromiso histórico que, a la luz de los hechos, derivó en autoritarismo, persecución y miseria.
Nunca olviden que CFK condecoró al genocida Maduro con la Orden de San Martín.
El Kirchnerismo es 100% fascista. pic.twitter.com/h1WwPCiZlE
— Mati Smith🇦🇷 (@Trumperizar) January 3, 2026
La Orden del Libertador San Martín, creada en 1943 y vigente desde 1967, es administrada por una comisión encabezada por el Presidente de la Nación como Gran Maestre y por el canciller como Gran Canciller. En 2013, ese rol lo ocupaba Héctor Timerman, una de las figuras clave del alineamiento argentino con los gobiernos bolivarianos de la región.

Por tradición, la condecoración se entrega en la sede de la Cancillería, aunque en el caso de Maduro se optó por un escenario más simbólico. La distinción tiene distintos grados, desde “Caballero” hasta “Gran Cruz”, y cuenta incluso con un antecedente extraordinario: una versión única otorgada a Eva Perón en 1952, luego desmantelada y subastada por la dictadura de 1955.
A lo largo de la historia, la Orden fue entregada tanto a líderes democráticos —como la reina Isabel II, el rey Juan Carlos o el príncipe Abdallah de Arabia Saudita— como a dictadores: Augusto Pinochet, Rafael Trujillo y Alfredo Stroessner. La inclusión de Maduro en esa lista, vista con el diario del lunes, resulta menos una excepción que una confirmación.
En 2013, Argentina estaba alineada política e ideológicamente con Venezuela. Hoy, más de 40 países desconocen la Asamblea Constituyente que sostiene al régimen chavista, y Estados Unidos califica oficialmente a Maduro como dictador, imponiéndole sanciones financieras y diplomáticas, que este sábado derivaron en un ataque detención del que fuera chofer de Hugo Chávez.
Cuando recibió la distinción, Maduro pidió “bendiciones a Dios” para estar a la altura del honor recibido. Una década después, lo que quedó claro es que no estuvo a la altura de San Martín, ni de la democracia, ni del pueblo venezolano. La condecoración, lejos de ennoblecerlo, terminó siendo otro registro incómodo de una política exterior argentina que confundió afinidad ideológica con principios republicanos.




