sábado, septiembre 19 2026
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Con un IPC anual por debajo del 32%, el Gobierno confirma un quiebre con la dinámica inflacionaria heredada. Si se sostienen las proyecciones, 2026 podría marcar la inflación más baja de los últimos 15 años.


Pese a la presión generada por la incertidumbre electoral y el encarecimiento de la carne en el tramo final del año, la inflación de 2025 cerrará en su nivel más bajo desde 2017. El dato no solo tiene valor estadístico, sino que representa uno de los principales activos políticos y económicos de la gestión de Javier Milei, que llegó al poder con la promesa de terminar con la inflación crónica que arrastra la Argentina desde hace décadas.

Con un acumulado del 27,9% entre enero y noviembre y una proyección para diciembre que oscila entre 2,5% y 2,8%, la variación anual se ubicará por debajo del 32%. Incluso si el último mes del año arrojara un registro más alto, cercano al 3%, el índice anual no superaría el 31,7%, un nivel impensado apenas dos años atrás y muy distante de los picos inflacionarios recientes.

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La comparación histórica refuerza el impacto del dato. 2023 cerró con una inflación del 211,4%, producto de una fuerte aceleración en los últimos meses del gobierno anterior. Durante las gestiones de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner, la inflación acumulada alcanzó el 1.146%, con una sistemática pérdida del poder adquisitivo, deterioro del salario real y un aumento sostenido de la pobreza. En ese marco, la desaceleración lograda en el primer año completo de la actual administración aparece como un cambio de régimen económico.

El Gobierno destaca que la baja de la inflación se alcanzó aun en un contexto recesivo. En 2025, el PBI cayó un 1,7%, reflejando el impacto del ajuste fiscal, la recomposición de precios relativos y la eliminación de subsidios. Sin embargo, desde el oficialismo sostienen que el orden macroeconómico era una condición indispensable para sentar las bases de un crecimiento sostenible y evitar nuevas espirales inflacionarias.

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A lo largo del año, el comportamiento del IPC fue heterogéneo. Tras un comienzo con registros relativamente elevados, la inflación mostró una marcada desaceleración entre mayo y agosto, con variaciones mensuales por debajo del 2%, algo poco frecuente en la historia reciente. El pico del año se registró en marzo, con un 3,7%, mientras que hacia el último trimestre volvió a observarse una leve aceleración.

Esa suba estuvo explicada, en gran medida, por la actualización de tarifas de servicios públicos, parte central del proceso de corrección de precios relativos, y por el aumento del precio de la carne desde noviembre. Estos factores presionaron sobre el índice general, aunque sin desarmar la tendencia de fondo a la desaceleración.

En contrapartida, la apertura importadora funcionó como un ancla clave en varios rubros. Sectores como textiles, indumentaria, calzado y electrodomésticos mostraron subas contenidas e incluso retrocesos en algunos precios, producto de una mayor competencia externa. Para el Ejecutivo, este mecanismo ayudó a disciplinar a los formadores de precios y a evitar remarcaciones preventivas.

De cara a 2026, el escenario abre expectativas aún más ambiciosas. El Presupuesto aprobado en el Senado proyecta una inflación del 10,1%, aunque esa estimación quedó desfasada frente a los cambios recientes en el esquema cambiario y la evolución del IPC en los últimos meses. Aun así, distintos analistas coinciden en que, si se mantiene la política fiscal y monetaria actual, el año próximo podría registrar la inflación más baja de los últimos 15 años.

El desafío, advierten economistas y consultoras, será sostener la baja de la inflación sin profundizar el deterioro social. La estabilización de precios deberá venir acompañada por crecimiento económico, recuperación del empleo y mejora de los ingresos reales, para que el orden macroeconómico se traduzca en una mejora tangible en la vida cotidiana.

Por ahora, los números juegan a favor del Gobierno. En un país marcado por más de medio siglo de inflación alta y recurrente, cerrar 2025 con el menor IPC desde 2017 no es un dato menor. Para Milei, la desaceleración inflacionaria se consolida como la principal carta de presentación de su gestión y como el eje central de su apuesta política hacia el futuro.