Alianza ratificada, costos repartidos: Cambia Mendoza y La Libertad Avanza reeditan un acuerdo con nuevo equilibrio de poder
De cara a las elecciones municipales de febrero, el frente Cambia Mendoza–La Libertad Avanza volvió a inscribirse ante la Junta Electoral. El armado confirma la vigencia del acuerdo, pero también deja entrever un cambio silencioso: el peso político de La Libertad Avanza crece y obliga al radicalismo a asumir mayores costos territoriales.
Con la presentación formal ante la Junta Electoral Provincial, Cambia Mendoza y La Libertad Avanza ratificaron su alianza para competir en las elecciones municipales del próximo 22 de febrero. El acuerdo, que se reedita tras la experiencia electoral nacional, alcanza a siete departamentos —Luján de Cuyo, Maipú, San Rafael, Rivadavia, Tunuyán, Santa Rosa y La Paz— donde se renovarán concejales y, en el caso de San Rafael, también convencionales constituyentes.
El acto administrativo fue encabezado por Andrés Lombardi y Facundo Correa Llano, y trajo consigo una confirmación política clave: el regreso del intendente de Luján de Cuyo, Esteban Allasino, al frente electoral. Un movimiento que, leído en clave analítica, habla menos de una convergencia espontánea y más de una adaptación forzada al nuevo escenario de poder.
La alianza se presenta públicamente como la continuidad de un “modelo de gestión ordenada y previsible”. Sin embargo, puertas adentro, el acuerdo refleja una negociación asimétrica. Cambia Mendoza aporta estructura territorial, intendencias y experiencia de gestión. La Libertad Avanza, en cambio, aporta algo hoy decisivo: legitimidad política nacional y sintonía directa con el presidente Javier Milei.
Ese diferencial explica por qué, en esta reedición del frente, el radicalismo asume la mayor parte del costo político en los territorios. Gobernar municipios, enfrentar conflictos locales y sostener la gestión cotidiana será, en la práctica, una responsabilidad central de Cambia Mendoza. La Libertad Avanza, en cambio, se reserva un rol de conducción estratégica, con mayor peso en la negociación de lineamientos políticos y programáticos.
El regreso de Allasino es ilustrativo. Durante la campaña pasada, el PRO —partido al que pertenece— había marcado distancia del gobernador Alfredo Cornejo. Hoy, el intendente vuelve al frente bajo un paraguas político distinto: no es solo Cambia Mendoza, es una alianza bendecida por la Casa Rosada. El mensaje es claro: en el nuevo mapa político, quedar afuera de La Libertad Avanza implica correr el riesgo de quedar fuera del centro de gravedad del poder.
Desde la UCR, Lombardi subrayó el “compromiso con el proceso de cambio” y la necesidad de municipios que faciliten el desarrollo económico, evitando regulaciones excesivas y presión fiscal. Es un discurso que dialoga directamente con la agenda libertaria y que marca una adaptación discursiva del radicalismo a la lógica mileísta.
Correa Llano, por su parte, fue más explícito al plantear que el acuerdo busca proyectar en el plano municipal el mandato de cambio expresado en las urnas a nivel nacional. Traducido: La Libertad Avanza no se conforma con ser socio menor ni acompañante táctico; aspira a incidir en la orientación política de los municipios, aun cuando no gestione directamente.
Este reparto de roles se vuelve particularmente relevante en San Rafael, donde además de concejales se elegirán convencionales para avanzar en la carta orgánica municipal. Allí, el frente acordó diez puntos programáticos con un compromiso central: no habilitar la creación ni el aumento de impuestos y tasas. Es un límite político claro, alineado con el ideario libertario, que condiciona de antemano cualquier debate institucional futuro.
Desde una mirada de analista, el acuerdo no es simplemente una alianza electoral: es un contrato político implícito. Cambia Mendoza pone la espalda territorial y la gestión; La Libertad Avanza pone el rumbo, el discurso y el vínculo directo con el poder nacional. El radicalismo administra; los libertarios marcan la cancha.
En un contexto de fragmentación opositora y con un peronismo aún enredado en sus propias internas, esta alianza se presenta como un frente competitivo y ordenado. Pero también como una señal del cambio de época: incluso fuerzas con fuerte tradición provincial aceptan hoy que el eje de poder se desplazó hacia quienes encarnan el clima de época libertario.
De cara a febrero, el desafío será doble. Para Cambia Mendoza, sostener la gobernabilidad local sin pagar un costo político excesivo. Para La Libertad Avanza, demostrar que su creciente peso en la negociación no se agota en el discurso y puede traducirse en construcción política real. La alianza está ratificada; el equilibrio interno, en plena redefinición.




