sábado, septiembre 19 2026
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Con el calendario electoral corriendo y los plazos formales encima, el oficialismo mendocino avanza hacia una alianza amplia en Luján de Cuyo. El acuerdo entre Cambia Mendoza, el PRO de Esteban Allasino y La Libertad Avanza aparece como una construcción inevitable: responde a una decisión nacional, a una necesidad provincial y a un escenario político que empuja a ordenar fuerzas de cara a febrero y más allá.


En política, las alianzas no siempre nacen del entusiasmo. Muchas veces surgen de la necesidad. Eso es exactamente lo que está ocurriendo en Luján de Cuyo, donde el oficialismo provincial se encamina a cerrar un acuerdo electoral que reúne a Cambia Mendoza, al PRO que conduce Esteban Allasino y a La Libertad Avanza. No es una alianza romántica. Es una alianza funcional.

El anuncio formal se espera para los días previos al cierre legal del 24 de diciembre. A esa altura, las definiciones estarán selladas y los matices quedarán subordinados a un objetivo común: competir ordenados en las elecciones municipales del 22 de febrero y evitar una dispersión que beneficie a la oposición.

El regreso del PRO y el cierre de una etapa

La pieza central de este armado es el retorno del PRO al frente oficialista. Tras la ruptura de 2023 y el intento fallido de construir una alternativa propia, el partido amarillo vuelve a confluir con el radicalismo provincial. En Luján, ese regreso tiene nombre y apellido: Allasino.

La relación entre el intendente y el gobernador Alfredo Cornejo se fortaleció en los últimos meses con gestos públicos, actos compartidos y un discurso común sobre gestión y orden. La foto política ya existe. La alianza, en los hechos, también. Lo que resta es formalizarla.

Este movimiento no solo ordena la elección municipal. También cierra una etapa de fragmentación dentro del oficialismo mendocino y envía una señal clara hacia 2027: la dispersión no es una opción viable.

En este armado, La Libertad Avanza ocupa un lugar definido. El espacio libertario acepta integrar la alianza por una decisión tomada a nivel nacional, en línea con la estrategia de gobernabilidad impulsada desde la Casa Rosada. No lidera el frente, pero tampoco queda al margen.

La participación de LLA aporta volumen electoral y alineamiento con el rumbo nacional, en un contexto donde el presidente Javier Milei busca que sus espacios provinciales acompañen esquemas que garanticen estabilidad política y capacidad de gestión.

Desde lo electoral, el esquema sería similar al aplicado en octubre: listas conjuntas, con representación de los socios y un reparto ya conocido de lugares. No hay sorpresas ni aventuras. Hay orden.

Aunque el foco inmediato está puesto en febrero, la alianza tiene un alcance político mayor. Luján de Cuyo funciona como un laboratorio donde se ensaya un modelo de convivencia entre fuerzas que, hasta hace poco, competían entre sí.

La elección de concejales en Maipú, Luján, La Paz, Santa Rosa y San Rafael —con el agregado de los convencionales municipales en el sur— será la primera prueba concreta de este esquema. El uso de la Boleta Única Papel obliga, además, a un mensaje claro y unificado: no hay margen para la confusión.

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Una coalición sin épica

No hay épica en este acuerdo. No hay refundación ni promesas grandilocuentes. Hay una lectura realista del escenario político: la oposición está fragmentada, el oficialismo necesita ordenarse y la elección se gana con estructura, coherencia y listas competitivas.

La alianza que se cocina en Luján no enamora a todos, pero cumple una función central: evitar el desorden. Y en tiempos de ajuste, reformas y tensiones sociales, el desorden es un lujo que el oficialismo no puede darse.

El mensaje de fondo

Más allá de los comunicados y las consignas, el mensaje es claro: el oficialismo mendocino decidió cerrar filas. Con matices, con tensiones y con equilibrios delicados, pero con un objetivo común. Competir juntos, gobernar con previsibilidad y llegar al próximo turno electoral con un esquema ya probado.

Luján no es una excepción. Es el anticipo de cómo se reconfigura el poder en Mendoza. Y cuando la política deja de discutir nombres para discutir estructuras, es porque la elección ya empezó.