El Consejo de la Libertad desembarca en Mendoza con Luis Pujol como referente
La creación del Consejo de la Libertad, impulsada por el presidente Javier Milei a través de la Fundación Faro, comienza a materializarse en las provincias con una lógica clara: trasladar el proceso de desregulación nacional al plano territorial y evitar que las reformas estructurales queden encapsuladas en la órbita del Estado nacional. En Mendoza, ese rol recae en Luis Alberto Pujol, una figura que combina militancia política, presencia mediática y alineamiento directo con el núcleo estratégico del oficialismo libertario.
Pujol no es un nombre ajeno al ecosistema de Libertario. Es conductor del programa “O sea, digamos” en Oid Mortales y se desempeña además como coordinador provincial de Las Fuerzas del Cielo, la organización política vinculada a Santiago Caputo, uno de los principales arquitectos del armado libertario a nivel nacional. Su designación como representante mendocino del Consejo de la Libertad confirma que el organismo no será un espacio meramente técnico, sino una herramienta política con anclaje territorial.
En declaraciones a Oid Mortales, Pujol explicó cuál es el objetivo central del Consejo y su razón de ser dentro del proyecto de Milei.
“El Consejo de la Libertad tiene la función primordial de llevar a un nivel más territorial las desregulaciones que el gobierno nacional está implementando, para que estas se mantengan a través del tiempo”, afirmó.
La definición apunta a uno de los principales desafíos que enfrenta el oficialismo: garantizar que las reformas impulsadas desde la Casa Rosada no queden sujetas a vaivenes políticos, resistencias provinciales o cambios de signo partidario en el futuro.
Pujol sostuvo además que el actual gobierno nacional encarna un proceso de transformación sin precedentes en la historia reciente del país.
“Entendemos que el gobierno de Javier Milei es el más reformista de la historia argentina”, señaló, aunque aclaró que ese impulso no se replica de manera uniforme en las provincias.
Según su mirada, los Estados provinciales siguen atrapados en estructuras políticas, administrativas y culturales que dificultan una verdadera reestructuración del Estado en función de los individuos.
“Cada provincia, con sus diferentes idiosincrasias políticas y colores partidarios, no avanza en la reestructuración del Estado tal y como lo conocemos, ya sea por negligencia o por incapacidad”, planteó.
El diagnóstico deja en claro que el Consejo de la Libertad no apunta únicamente a revisar números o procedimientos administrativos, sino a interpelar el modelo de Estado provincial y el modo en que se ejerce el poder en los territorios.

En esa misma línea se expresó Cristian Mahor Caparros Guerra, representante del Consejo en la provincia de San Juan, quien fue aún más directo al cuestionar los esquemas de poder locales.
“San Juan es un claro ejemplo de esto. Nuestro rol es darle a conocer a la sociedad de nuestra provincia que podemos estar cada vez mejor si dejamos de lado el modelo de ‘empresarios amigos del gobierno’ de una vez por todas”, afirmó.
La declaración sintetiza uno de los ejes discursivos centrales del Consejo: la crítica a los entramados entre política y sectores económicos favorecidos por el Estado, a los que el oficialismo nacional identifica como parte de la “casta” que Milei busca desarmar.
Desde la Fundación Faro, think tank vinculado a La Libertad Avanza, se presentó oficialmente la nómina completa de representantes provinciales del Consejo de la Libertad, con presencia en las 24 jurisdicciones del país. El armado incluye referentes ideológicos, dirigentes políticos y comunicadores alineados con el proyecto libertario, lo que refuerza la idea de una estrategia nacional coordinada.

Más allá de su presentación formal, el Consejo de la Libertad aparece como una pieza clave en la etapa que se abre para el oficialismo: disputar poder, sentido y legitimidad en el interior del país, incluso en provincias gobernadas por aliados. La desregulación, en este esquema, no se limita a una política económica, sino que se convierte en una batalla cultural y territorial.
En Mendoza, la figura de Luis Pujol sintetiza esa estrategia. Su rol como referente político y comunicador lo posiciona como uno de los principales voceros del ideario libertario en la provincia. El mensaje es claro: las reformas no solo deben aprobarse en el Congreso o ejecutarse desde la Nación, sino arraigarse en el territorio para perdurar en el tiempo.




