sábado, septiembre 19 2026
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Un movimiento calculado sacudió el tablero del Congreso: tres diputados que responden al gobernador de Catamarca, Raúl Jalil, abandonaron el bloque kirchnerista y habilitaron que La Libertad Avanza pase a dominar la primera minoría de la Cámara baja. El peronismo se fisura por dentro y el oficialismo crece cuando menos se esperaba.


La política argentina venía anticipando un reacomodamiento interno, pero nadie imaginó que la jugada se iba a ejecutar con tanta precisión quirúrgica y en un momento tan sensible. En medio de los preparativos para la jura de la nueva composición legislativa, tres diputados catamarqueños —Fernanda Ávila, Sebastián Nóblega y el electo Fernando Monguillot— rompieron este martes con el bloque de Unión por la Patria y oficializaron la creación de un nuevo espacio propio. La decisión, que detonó un sismo inesperado en la Cámara baja, no es un gesto aislado ni una rebeldía espontánea: responde de manera directa al gobernador de Catamarca, Raúl Jalil, quien desde hace meses viene marcando una distancia creciente con la conducción nacional del peronismo. Un distanciamiento que ya no se podía disimular y que ahora queda cristalizado en una fractura parlamentaria de alto impacto.

El movimiento fue tan prolijo como sorpresivo. Jalil, que desde el año pasado arrastra tensiones abiertas con la jefatura del bloque peronista encabezado por Germán Martínez, venía dando señales de que su relación con el kirchnerismo estaba desgastada. No solo expresó públicamente su desacuerdo con decisiones estratégicas del espacio, sino que en más de una votación acompañó posiciones impulsadas por el gobierno de Javier Milei. Esa conducta, que algunos en el peronismo pretendían minimizar como “excepciones circunstanciales”, terminó siendo la antesala de una ruptura previsible, pero que muchos preferían no enfrentar.

El impacto institucional fue inmediato: con la creación del nuevo bloque “Elijo Catamarca”, La Libertad Avanza pasa a tener 94 diputados, quedando un escalón por encima del kirchnerismo, que ahora se limita a 93. Para un gobierno que no cuenta con mayoría propia y que depende de negociaciones permanentes, la diferencia de un voto es más que un número: es un mensaje de poder, una señal de que la estrategia del oficialismo para ampliar su volumen parlamentario empieza a dar resultados concretos. En términos políticos, Milei recibe una victoria sin haber movido una pieza formal en el tablero. Todo el desgaste lo hizo la interna peronista; todo el beneficio lo capitaliza él.

La ruptura se da, además, en un contexto donde el peronismo enfrenta una crisis de identidad cada vez más evidente. La idea de Jalil de “desconurbanizar” el PJ —una frase que resonó fuerte en las últimas semanas— no cayó bien en el kirchnerismo, especialmente entre los dirigentes que entienden al conurbano como el corazón histórico del poder partidario. Pero el gobernador catamarqueño insistió: cuestionó las lógicas de conducción, los métodos de construcción política y la falta de renovación real en las estructuras centrales del partido. Lo que parecía un simple planteo discursivo terminó funcionando como el marco teórico de un quiebre que hoy se vuelve realidad.

Diego Santilli, ministro del Interior.

La creación del nuevo bloque no solo implica un reordenamiento numérico, sino también un gesto simbólico: por primera vez en mucho tiempo, un gobernador peronista del interior rompe de manera explícita con la estructura que domina al partido desde Buenos Aires. Es una señal que puede contagiar a otros mandatarios provinciales que también están incómodos con la conducción nacional, especialmente en un año donde el peronismo no logra recomponer su identidad ni definir un liderazgo claro.

En este reacomodamiento, Fernando Monguillot —diputado electo y hombre de extrema confianza de Jalil— será quien presida el flamante bloque. La decisión fue formalmente comunicada al presidente de la Cámara baja, Martín Menem, quien recibió la nota sin demoras y dio curso al trámite como exige el reglamento. La noticia corrió rápido y generó lecturas de todo tipo: desde quienes creen que se trata de una movida táctica para negociar en mejores términos con el gobierno nacional hasta quienes interpretan la ruptura como el comienzo de un realineamiento federal que podría seguir creciendo.

No todos los representantes catamarqueños tomaron el mismo camino. Claudia Palladino, diputada electa por el mismo espacio provincial, decidió permanecer en Unión por la Patria, alineada a la exgobernadora y actual senadora Lucía Corpacci. Esa divergencia dentro del mismo territorio deja en evidencia que el peronismo catamarqueño también está partido en varias capas. No se trata solo del vínculo de Jalil con la conducción nacional: también existen internas provinciales profundas, disputas por liderazgo y diferencias estratégicas que ahora emergen con más fuerza.

Lo concreto es que, en medio de un Congreso que se prepara para un año de altísima tensión política, Javier Milei recibe un regalo inesperado: una primera minoría que no obtuvo en las urnas, sino gracias a la implosión de su principal adversario. En el ajedrez legislativo, esa diferencia —aunque mínima en lo numérico— puede ser decisiva cuando haya que construir mayorías o bloquear iniciativas opositoras. El mensaje es claro: mientras el peronismo sigue discutiendo entre sí, el oficialismo avanza, suma y se fortalece. Y en esta oportunidad, sin siquiera tener que mover un dedo.