Milei acelera su giro pro-Israel: viajará en febrero para inaugurar la embajada argentina en Jerusalén
Javier Milei acelera su giro geopolítico: en febrero viajará a Israel para inaugurar la embajada argentina en Jerusalén, un movimiento que rompe con décadas de política exterior y alinea al país sin matices con Netanyahu. En Casa Rosada, el canciller israelí Gideon Sa’ar le dio el visto bueno y Pablo Quirno confirmó que la decisión está tomada. La Argentina abandona la neutralidad histórica y el Presidente busca una foto que redefina su lugar en el mundo.
El presidente Javier Milei confirmó su próximo viaje a Israel para febrero, donde buscará concretar uno de los movimientos más significativos y controversiales de su política exterior: la inauguración oficial de la embajada argentina en Jerusalén. Con este gesto, la Argentina rompe con décadas de equilibrio diplomático en Medio Oriente y se alinea sin matices con el gobierno de Benjamín Netanyahu, en una decisión que tendrá fuerte impacto regional y global.
El anuncio tomó forma este martes, cuando Milei recibió en la Casa Rosada al canciller israelí Gideon Sa’ar, acompañado por el embajador en Buenos Aires, Eyal Sela, y una delegación de funcionarios y empresarios de Medio Oriente. Del lado argentino participaron el canciller Pablo Quirno y el embajador Axel Wahnish, pieza clave en la relación bilateral y puente personal entre Milei y Netanyahu desde la campaña electoral.
La reunión no fue una formalidad más: Sa’ar llegó con una agenda precisa para avanzar en la mudanza de la embajada y en el fortalecimiento del vínculo político, económico y estratégico entre ambos países. Milei, que desde su primer día en el poder remarcó su intención de ubicarse “del lado correcto de la historia”, aprovechó el encuentro para reafirmar que el traslado a Jerusalén es un compromiso político, ideológico y espiritual que no piensa demorar.
Un canciller con mensaje propio
La visita de Sa’ar incluyó también una parada institucional en el Palacio San Martín, donde fue recibido por Quirno con un discurso económico que buscó mostrar solvencia interna y previsibilidad hacia el exterior. “La Argentina está creciendo 5,2% y está demostrando que un ajuste no impide crecer; el mundo no creía que esto fuera posible, pero la Argentina lo está probando”, aseguró el canciller argentino. Fue una frase pensada para reforzar el relato oficial en el plano internacional: el shock económico no es solo una decisión ideológica, sino un modelo exportable.
Pero el anuncio más contundente llegó después. Quirno confirmó que él viajará en febrero a Israel y adelantó que Milei “ya prepara su regreso para completar el proceso de traslado de la Embajada a Jerusalén”. No es, por lo tanto, un proyecto en estudio. Es una decisión tomada y calendarizada.
Una ruptura histórica en la diplomacia argentina
La decisión de instalar la embajada en Jerusalén ubica a la Argentina en un grupo reducido de países que reconoce la ciudad como capital del Estado de Israel. Hasta ahora, solo Estados Unidos, Guatemala, Honduras y un puñado de naciones de menor peso diplomático habían dado ese paso. El resto de la comunidad internacional mantiene sus representaciones en Tel Aviv, en línea con las resoluciones de la ONU y los compromisos asumidos desde los Acuerdos de Oslo.
El movimiento de Milei implica romper con la histórica postura argentina de equilibrio entre Israel y el mundo árabe, una política exterior que durante décadas buscó mantener vínculos constructivos con ambos bloques, consciente del peso de la comunidad judía y también de la comunidad árabe en el país.
Con la embajada en Jerusalén, Buenos Aires se alinea de forma explícita con Netanyahu en un momento especialmente sensible del conflicto regional. La señal es ideológica, geopolítica y estratégica: Milei no pretende ubicarse en una posición intermedia, sino en un polo claro y definido.
Una agenda política con impacto local
La presencia de Sa’ar en Buenos Aires también tiene un costado interno. El canciller israelí participará del acto por el 90° aniversario de la DAIA y del concierto especial en el Teatro Colón, dos eventos que Milei y su entorno consideran claves para fortalecer la narrativa del vínculo espiritual, cultural y político con Israel y con la comunidad judía local.
El viaje de febrero busca sellar esa alianza con una foto histórica: la del presidente argentino inaugurando la embajada en Jerusalén, un gesto que trasciende la diplomacia tradicional y se inscribe en el núcleo ideológico del mileísmo.
Milei ya lo había adelantado en campaña: su política exterior se ordenaría sobre dos ejes —Estados Unidos e Israel—. Con este movimiento, queda claro cuál de esos dos capítulos decidió escribir primero.




