La casa está en orden, Dalmiro Garay reelecto: poder quieto, mayoría silenciosa y una frase que ordena la discusión
La reelección de Dalmiro Garay como presidente de la Suprema Corte de Justicia de Mendoza no sorprendió a nadie, pero sí dejó en evidencia algo más profundo: la Corte eligió continuidad, orden y un liderazgo que, puertas adentro, genera más confianza que discusión. Con cinco votos en la primera ronda, el sanjuanino retuvo la presidencia hasta 2027 en una votación que, según los rumores que circulaban en Tribunales, podía transformarse en una novela de varias rondas. No ocurrió. La mayoría se alineó rápido y sin dramatismo. Los únicos votos en contra —otra vez— fueron los de Mario Adaro y José Valerio, una minoría que intenta tensar pero ya no alcanza para alterar el tablero.
Después de la votación, Garay habló en MDZ Radio con Laura Fiochetta y Pablo Icardi, y ahí dejó las frases que explican por qué ganó de nuevo. Con precisión quirúrgica bajó línea sobre la crítica que más se repite en off: la supuesta “cercanía política” de los jueces. “A mí me molesta el planteo de si estás más cerca o de dónde venís. Nosotros somos jueces y firmamos lo que decimos”, disparó. Y fue más lejos, casi desafiando: “Busquen una sentencia donde yo haya dicho algo distinto a lo que dije toda mi vida. Eso sería lo único que confirmaría una sospecha”. Garay sabe que el cuestionamiento existe, lo escucha, pero decidió enfrentarlo con un argumento que, en Tribunales, pocos pueden rebatir: consistencia.
La frase que más ruido hizo fue otra. Cuando le preguntaron por el cruce entre justicia y política, no lo maquilló: “A la política no hay que tenerle miedo. En sentido amplio, la política hace que las cosas sucedan, y en eso nosotros sí hacemos política cuando dictamos una sentencia.” En tiempos donde nadie quiere admitir que todo poder es político, Garay lo dijo sin anestesia. Y dejó un mensaje a quienes buscan encasillarlo: “Si me preguntan si soy pro Estado, quizás diga que sí, y no tiene nada que ver con la política partidaria”. Traducido: tener una visión no te convierte en operador.
También explicó por qué habla poco, algo que en Tribunales se le valora y se le critica por igual: “El presidente de la Corte tiene que garantizar un paraguas de seriedad y seguridad jurídica. Yo no hablo mucho porque creo que el Poder Judicial necesita ese manto. Ahora voy a hacer una excepción”, dijo en MDZ RADIO. La excepción fue la entrevista. El mensaje fue para todos.
La elección de autoridades se resolvió sin golpes de efecto: Omar Palermo quedó como vicepresidente primero y Julio Gómez como vicepresidente segundo. No hubo sorpresa, no hubo giro, no hubo fractura. La Corte eligió estabilidad en un momento donde afuera sobran conflictos y adentro falta tiempo para perder en internas.
Garay cerró con una frase que también dice más de lo que parece: “La elección termina hoy. Mañana seguimos con los mismos problemas que teníamos ayer.” Nada de épica. Nada de sobreactuación. Simple realpolitik judicial.
La lectura que queda es simple: la Corte apostó a la conducción que ya conoce, a un liderazgo de baja exposición pero alto control, y a un presidente que prefiere hablar poco, pero cuando habla deja claro que no piensa pedir disculpas por entender que la política —la verdadera, la que ordena y no la que grita— también atraviesa al Poder Judicial. Y que eso, lejos de ser un escándalo, forma parte del diseño institucional.





