sábado, septiembre 19 2026
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Entre el arbolito y las urnas: la política mendocina se aseguró presencia obligada en cada brindis y cada día de vacaciones en campaña.


En Mendoza ya podemos dar por inaugurada una nueva tradición navideña: mientras unos preparan la mesa, otros preparan las alianzas electorales. Sí, en serio. Este año, en Luján, Maipú, San Rafael, Santa Rosa, Rivadavia y La Paz, la política decidió meterse en la Navidad y quedarse todo enero, como ese invitado que nadie quiere pero que no se va nunca. Un fenómeno que no surge por casualidad, sino por una decisión política que buscaba evitar el impacto del clima nacional… y terminó generando el verano más politizado que se recuerde.

Todo empezó cuando seis intendentes —cuatro del PJ— eligieron desdoblar las elecciones para huir del viento libertario que los sacudió en las últimas urnas. La jugada apuntaba a ganar tiempo, bajar tensiones y evitar un arrastre que podía costar bancas. Pero la estrategia, pensada como una especie de salvavidas electoral, terminó provocando exactamente lo contrario: ahora la campaña arranca el 24 de diciembre, justo cuando la gente quiere pensar en todo menos en política. El resultado: familias armando el arbolito mientras los partidos arman frentes electorales. Un nivel de surrealismo digno de un pesebre institucional.

La Junta Electoral, consciente del absurdo, aclaró que ese mismo día atenderán hasta las 13. Y dejaron una frase que ya merece diploma: “Esperamos no tener que recibirlos con pan dulce y sidra”. No es metáfora. Si los partidos apuran las negociaciones, podrían llegar a Tribunales con el Vitel Toné todavía en la heladera. Y para los que siempre llegan tarde —porque en política jamás falta el rezagado— habilitaron un refuerzo el 26 de diciembre, de 8 a 10 de la mañana. Un Boxing Day electoral, ideal para aquellos dirigentes que el 24 están más concentrados en el brindis que en firmar alianzas.

Una campaña navideña que se extiende todo el verano

Y quien crea que esto es lo más insólito se queda corto. Porque mientras en algunas comunas presentar alianzas es casi un trámite, en Luján la cosa está jugosa. Todavía no se sabe si Esteban Allasino va a armar una súper alianza entre PRO, Cambia Mendoza y La Libertad Avanza. Una foto que nadie se animó a sacar en las generales, pero que ahora podría convertirse en la postal política del verano. Si eso ocurre, las repercusiones no van a ser menores: sería la confirmación de un nuevo orden político local donde las diferencias internas pasan a segundo plano frente a la necesidad de consolidar poder territorial.

Todo esto ocurre, claro, en pleno verano. La estación en la que la gente quiere pileta, sombra, silencio político y la menor cantidad posible de estrés institucional. Pero no: los tiempos electorales son implacables. El 3 de enero se oficializan los candidatos. El 18 de enero arranca la campaña formal. Y desde el 28 de enero, prepárense para carteles, afiches, vía pública, spots y el clásico “prometo gestionar…” mientras vos solo querés comprarte un helado y olvidarte del mundo. Para completar la escena, el 6 de febrero se prohíbe inaugurar obras, porque en campaña hasta cambiar una lamparita puede considerarse propaganda. Una regla tan lógica como triste: si no existiera, muchos aprovecharían hasta para anunciar que pusieron un banco en la plaza.

Lo más paradójico de este embrollo es que la Junta Electoral intentó, al menos, explorar la posibilidad de suavizar el impacto para los votantes. Buscaron alternativas, evaluaron opciones, midieron escenarios. Nada prosperó. La ley manda, y cuando la ley manda, no hay espíritu navideño que valga. Los intendentes que quisieron despegarse del clima nacional terminaron generando un cronograma que recae directamente en los vecinos, que poco tienen que ver con las maniobras de supervivencia política.

La realidad es simple: quisieron escapar del huracán Milei moviendo la elección… pero terminaron metiendo la campaña arriba de la mesa navideña. El vecino no pidió esto, no lo votó, no lo eligió. Pero ahora tendrá un combo completo: Navidad con alianzas, enero con candidatos y febrero con urnas.

Después hablan de “descansar en vacaciones”.
En Mendoza, ni eso te dejan.