¿Viviana Canosa repite con Milei el mismo giro brusco que tuvo con Alberto?
Fabiola reavivó viejas historias de infidelidad y ambición, y las politizó. Su relato sobre Viviana Canosa y Alberto no sólo es un capítulo de farándula.
No fue un lunes cualquiera para el chismógrafo político: Fabiola Yáñez, la ya no tan silenciosa ex primera dama de Alberto GOAT Fernández, metió el acelerador en una entrevista con Ángel De Brito en LAM, y soltó bombas con perfume de novela barata, pero con consecuencias reales para la política argentina. Lo que desveló sobre Viviana Canosa —y cómo su relato conecta con su relación con el actual presidente, Javier Milei— es un combo explosivo que parece escrito por un guionista peronista.
Viviana Canosa: más que una periodista, una intrigante
Según ̶F̶i̶a̶m̶b̶r̶o̶l̶a̶ Fabiola, la relación entre “la cabra” y Viviana Canosa no era nada profesional: la describió como “muy cercana, muy íntima, muy de hablar todo el tiempo, muy de verse todo el tiempo”. Hasta se animó a decir que, durante esas entrevistas mediáticas, “faltaba que se le tirara encima a Alberto”. Y es que para Yáñez, había intereses muy concretos detrás.
Sin embargo la bomba mediática fue otra: según Fabiola, Fernández le habría dicho que ̶P̶a̶u̶t̶o̶s̶a̶ Canosa “le había pedido ser Secretaria de Comunicación”. No cualquier chamba, sino un puesto estratégico en el gobierno. Cuando él se lo negó, la periodista se enojó y, según Yáñez, lo “defenestró”: empezó a criticarlo, alejarse, y adoptar una postura opositora feroz.
Que Canosa pasara de una relación supuestamente íntima con el presidente a una altísima voz de denuncia política no tiene sólo sabor de celos, sino que sugiere una trama de poder, ambición y hasta desengaño.
El patrón Yáñez-Canosa y la “amiga-transformada-en-crítica”: una constante
La historia no termina ahí. Si se revisa el presente, Fabiola Yáñez también ha cambiado su relación con Javier Milei; de cierta cercanía social a una posición crítica más abierta. No es un capricho de moda, sino parte de un patrón.
Milei, por su parte, no es ajeno al escándalo: criticó a Fernández duramente, lo acusó de violencia y corrupción, y ha dicho que su ex (Yáñez) forma parte de una “hipocresía progresista” usada para victimizarse políticamente. Incluso pidió que le quiten la custodia, en lo que muchos interpretan como un gesto simbólico y político más que legal.
En otras palabras, Yáñez no sólo denuncia una traición amorosa y profesional, sino que también usa su voz para reconfigurar su lugar en el tablero político. Su relato personal es ahora una flecha apuntando hacia dos frentes.
Por qué esto es “nota política”, no farándula
Puede parecer un culebrón de ex parejas, pero hay algo más profundo: poder mediático, credibilidad pública y ambición política. Si Canosa le pidió un cargo en el gobierno, no lo hizo por caridad, lo hizo para instalar su voz desde adentro. Cuando eso no sucedió, su viraje hacia la crítica no fue “sólo periodístico”, fue estratégico.
Y si Fabiola critica hoy a Milei, no es realismo: es cálculo. Al denunciar al ex, al exponer intrigas con periodistas influyentes, refuerza su narrativa de víctima poderosa, una voz moral frente a un ex presidente al que acusa de mentir, engañar y jugar fuerte con los medios.
¿Qué gana Milei con esto?
Desde la vereda liberal, esto le cae como anillo al dedo. Milei lo ve como una confirmación: el “progresismo” usa el género y los escándalos personales para hacer política. Esa es su narrativa, y la de Yáñez le da combustible. No sólo desacredita a Fernández, sino que refuerza el discurso de que el poder se hereda, se negocia y, a veces, se convierte en una red de chantajes mediáticos.
¿Y el pueblo argentino?
Para el ciudadano promedio, estas declaraciones alimentan el morbo, sí, pero también invitan a reflexionar: ¿cuánto de lo que vemos en la televisión es espectáculo y cuánto es estrategia política? Y, más importante: ¿qué tan serio es usar una “amistad íntima” para disputar cargos de Estado?




