La “unidad” radical: Cornejo gana el partido mientras la gente de Petri queda en modo incógnito
El cornejismo se consolida con Lombardi, pero la victoria se da por el silencio del petrismo, cuyos votantes son el verdadero enigma.
El radicalismo mendocino acaba de firmar un armisticio que se parece mucho a una victoria por walkover. Andrés “Peti” Lombardi, hombre clave del riñón de Alfredo Cornejo, será el nuevo presidente del partido. La foto oficial habla de “madurez” y “lista de unidad”.
La realidad política es más compleja: es la consolidación total del cornejismo, que se queda con el sello, la lapicera y la estructura. Pero esta victoria no se da por derrotar a su principal rival interno, sino porque ese rival directamente no se presentó a la pelea.
El “petrismo“: la incógnita que define la elección
La gran pregunta que define esta “unidad” es: ¿Dónde está la “gente de Petri”?
Luis Petri hoy es Ministro de Defensa de La Libertad Avanza y el 10 de diciembre ¿diputado Nacional? Juega en la liga nacional y su alianza estratégica es con Javier Milei, no con la interna de la UCR. Pero los miles y miles de radicales y votantes de Cambia Mendoza que lo apoyaron en la PASO de 2023 no se evaporaron.
Esa tropa hoy es una incógnita.
No están en la lista de Lombardi, pero tampoco están en la lista de los disidentes que fueron a Tribunales (como el grupo de Armagnague). El “Petrismo” quedó huérfano de conducción partidaria.
El cornejismo, con astucia, aprovecha este vacío. Gana la estructura del partido sin disparar un solo tiro contra su principal amenaza interna, porque esa amenaza está, por ahora, en stand by. La “gente de Petri” es un bloque de poder silencioso: no se sabe si siguen siendo radicales, si se sienten parte de LLA, o si simplemente esperan una nueva señal de su líder.
Los disidentes de siempre y la pelea real
Sin el petrismo en la cancha, la “resistencia” radical quedó reducida a la tradición. Los grupos de Fernando Armagnague y Jorge Palero hicieron lo que hacen siempre: impugnar la elección en la Justicia.
Denuncian el viejo truco de la burocracia, que es la falta de entrega de padrones. El método clásico para impedir que se junten avales. Es una pelea “de aparato”, previsible, que el oficialismo sabe cómo manejar: dejándolos que se desgasten en Tribunales.
Mientras tanto, la “unidad” es un chiste en el departamento más grande, Guaymallén. La interna allí está rota. El caso del concejal Miqueas Burgoa sólo fue la excusa para que el sector del intendente Marcos Calvente y sus retadores se saquen los ojos. La lista opositora a Calvente, de hecho, lleva a Burgoa como candidato.




